lunes, 4 de junio de 2012

Mendoza: carta abierta que denuncia a la policía y la justicia

Al pueblo de Mendoza y a todos los que le ponemos empeño para cambiar y sólo encontramos palos en la rueda:
Difundimos la carta abierta de Ricardo Ferreyra en relación a su denuncia sobre cómo la policía y la justicia, en complicidad, delinquen e  inventan causas en Mendoza. Hemos transcripto la carta que nos llegó y agradecemos la máxima difusión de la misma y la reflexión sobre este caso, para ejercitar la memoria y el pensamiento crítico. Ricardo está preso, pero está dispuesto a contestar todas las inquietudes que tengan, como detalla al final de la carta. 
¡Es hora de despertar, Mendoza!
Mendoza, 30 de mayo de 2012

Al pueblo de Mendoza y a todos los que le ponemos empeño para cambiar y sólo encontramos palos en la rueda

En noviembre de 2009 los medios tomaron y difundieron la denuncia pública que hice en ese momento contra el fiscal Giunta de cómo armaba causas en complicidad con la comisaría 11 de Luján y con el poder político de turno para el cobro de recompensas que paga el Estado. Juntos, me extorsionaban (como le pasará a muchos otros) para que “trabaje” para ellos, no sólo en este hecho sino en otros delitos más que estaban planeando como extorsión, robo y “ajuste de cuentas” contra gente que había denunciado a algún oficial de policía (como los Aguilera, por ejemplo).
Un tiempo antes, cuando vivía con mi familia en San Carlos (mi pueblo natal), se me citó de la comisaría de Tunuyán para que me presentara a la brevedad. Fui, y antes de ingresar me detuvieron en la puerta y me trasladaron a Boulogne sur Mer, con la única explicación de que me debían trasladar a pedido del fiscal Giunta.
Yo ya había estado detenido antes por un delito que cometí y pagué la condena en Boulogne sur Mer. Por reclamos anteriores por derechos de los presos me quisieron hacer matar trasladándome a un pabellón donde me esperaban con chuzas y terminé en el hospital. Pero ya para el 2008 el trato a los presos había empeorado incumpliéndose en gran parte el régimen de detención que dictan leyes como la 24.660. Nos juntaron en un pabellón, que estaba clausurado, a los presos que no queríamos participar en un motín armado por varios oficiales penitenciarios para correr al director de ese momento. Presentamos con el doctor Varela dos habeas corpus, no reclamando más que lo que dicta la ley. Desatendieron el primero y lograron cajonear el segundo; pero como el primero siguió su curso, sumado a las protestas adentro y afuera del penal (que lo sacaron a la luz pública), más el aval de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a nuestro reclamo, las autoridades debieron acceder a brindarnos elementos mínimos de higiene, tratamiento psicológico, laborterapia, acceso a educación, etc. Claro que todos estos logros se fueron perdiendo rápidamente.
A los tres meses me dieron la excarcelación por falta de méritos, y pude por fin reunirme con mi familia. Hasta que pocos días después dos policías pasaron a buscarme diciéndome que no me preocupara; pero que debía acompañarlos porque me citaba nuevamente el fiscal Giunta. Me trasladan a un descampado de Luján donde me empiezan a interiorizar de los planes que tenían para obligarme a participar con ellos en el armado de causas y los otros delitos que mencioné. Giunta, en la comisaría, completa la extorsión, amenazándome con perder la libertad nuevamente si no accedía y con cómo podía sufrir mi familia. Para salir de esa situación le dije que bueno y al instante se comunicó con, el entonces ministro de seguridad, Carlos Ciurca para confirmarle que ya estaba todo arreglado. Alguien apodado “Pañalín” iría a la cárcel sin más prueba que testigos falsos con declaraciones armadas en la comisaría. Fiscal y policías repartirían la recompensa y otro “crimen” solucionado. Luego, era su idea involucrarme en otros de estos “trabajos” para seguramente descartarme cuando les pareciera, mandándome a la cárcel nuevamente.
Con mucho esfuerzo estaba tratando de cambiar de vida y salir adelante, trabajando para darle de comer a mis hijos, y no estaba dispuesto a arruinar lo que iba consiguiendo, ni a corromperme como la policía y el fiscal esperaban. Por eso me presenté inmediatamente en el estudio del dr. Varela con todas las pruebas y datos que pude reunir y, frente a una escribana, grabamos en video la denuncia pública que circuló por todos los medios.
Como igual temía por mi libertad y, sobre todo, por la seguridad de mi familia, el dr. Varela me aconsejó presentar la denuncia al juez Bento. Le llevamos entonces todas las pruebas, le di mi teléfono, la dirección donde estábamos viviendo, para que al final se declarara incompetente y no me tomara la denuncia. En vez de ello, la pasó a la fiscalía de delitos complejos, adonde pretendía llegar Giunta si resolvía (a su manera) el caso del “Pañalín”. Así que di la denuncia por perdida y me quedé a esperar lo peor.
Luego, la gran difusión en los medios de esta denuncia llevó a que al fin la tomara la fiscal Claudia Ríos y se imputara al fiscal, al comisario y al subcomisario de la comisaría 11 de Luján y se interviniera incluso el teléfono de Ciurca (que entonces dejó el Ministerio de Seguridad para pasar a Desarrollo Social).
Pero Giunta pidió una licencia que extendió muchos meses para zafar de que lo suspendan en sus funciones. Yo había avisado que, apenas pudieran, me iban a ir a buscar, porque mi denuncia había afectado tanto a la policía como a un miembro del Poder Judicial (que el gobernador Jaque quería como juez) y otro del Poder Ejecutivo.
Recién llevaba un tiempito alquilando un departamento en Guaymallén. Había conseguido trabajo de sereno en un sanatorio y estaba viviendo tranquilo con mi señora y mis tres hijos cuando me enteré que me vinculaban en una guerra de bandas. Luego de un seguimiento a Marcelo Araya de semanas (con escuchas sin orden judicial) las autoridades policiales (como el jefe de policía Caleri y el entonces ministro de seguridad Aranda) decían saber que se iban a producir asesinatos relacionados con una guerra de bandas con centro en el barrio La Gloria. Increíblemente, no quisieron “prevenir el delito” y esperaron a que se produjeran tres muertes para comenzar una serie de detenciones, entre las que yo estaba programado de antemano. Yo estaba citado a declarar por la causa de la mafia policial y judicial y, cuando me tocaba presentarme, me detuvieron a cuatro cuadras de la casa de mi suegro con un inmenso operativo policial. Como era de esperar, me pasaron directamente a la cárcel, dejando a mi familia desprotegida por lo que luego de varios tiroteos a la casa (con la zona “liberada” y dos de mis cuñados heridos de bala) terminaron asesinando a mi otro cuñado e hiriendo gravemente a mi suegro y a una chica que estaba de visita.
Ahí inicié un reclamo en Boulogne sur Mer, porque escuchaba por teléfono a mi familia que me decía que los estaban tiroteando y que ya habían matado a uno de ellos, cuando se cortó la comunicación. Y aprovecharon para trasladarme a Cacheuta y aislarme en un pabellón en el que me drogaban por la fuerza todos los días durante más de dos semanas, en las que bajé 15 kilos y no podía hablar más que con mis torturadores. En esa circunstancia, prácticamente inconciente por el chaleco químico que establecía la medida psiquiátrico-judicial, recién volvieron a llevarme a declarar por la causa de la mafia judicial y policial. Quisieron bajarle la persiana a la causa dado que me querían presentar como “un drogadicto que no se puede mantener ni sentado en la silla”. Otra vez la difusión de este absurdo en algunos medios les complicó la jugada, por lo que al fin dejaron de drogarme y me trasladaron a un pabellón común para citarme después.
Dos veces zafó Giunta del jury de enjuiciamiento. La primera vez lo desprocesaron porque frente a la cantidad de testigos que apoyaban lo que yo decía, la defensa del fiscal presentó a varios policías que apoyaban su inocencia. Ante un “empate” de testigos, insólitamente, desprocesaron al fiscal. Y ahora, el jueves 24 de mayo, volvió a librarse del pedido de jury de la fiscal Ríos porque ella increíblemente se “olvidó” de pedir la suspensión en sus funciones de Giunta a pesar de saber que es un delincuente y que lo estaba acusando nada menos que de “falsedad ideológica, coacción en perjuicio de un menor, fraude a la administración pública y privación ilegítima de la libertad agravada”.
Y así arruinaron mi vida. El fiscal hace lo que quiere y seguirá armando causas, ahora en Las Heras, y escalando en el poder. Yo ya no soy creíble y mis testigos no son válidos, ni en esta ni en las otras causas que me imputan. Como “testigo protegido” no protegen a mi familia y ahora no son capaces de darle un trabajo para que se mantenga y saben dónde está. Mucho menos tengo plata para pagarme un abogado por lo que me defiende un abogado de pobres y ausentes que muy difícilmente vaya a enfrentarse con el Estado y el poder político. 
Estaba trabajando cuando me involucraron en esto, y creo haber demostrado el cambio que dicen esperar de los que cometimos algún delito. Y esto a pesar de las trabas que pone el sistema para quien quiera cambiar de vida y formarse en la cárcel, o trabajar para rehacer su vida una vez que uno sale en libertad.
¿Qué mensaje le deja con hechos como éste el poder a toda la población? Para mí que, para los de abajo, queda claro que si no obedecen y se suman a la corrupción del sistema sólo les queda esperar lo peor. Como yo no tengo poder ahora es todo contra mí. Si me hubiera metido en la corrupción seguramente ahora no estaría en la situación en que estoy. En vez de esto les demostré que no quería seguir delinquiendo, denuncié a esta mafia y ahora lo perdí todo. ¿Entonces cuál es el cambio que realmente quieren? El gobierno, a través del jefe de policía y el ministro de seguridad, sabe siempre todo lo que esta pasando y no hace nada para cambiarlo.
Incluso cuando denuncié que iba a haber droga y armas con homicidios en manos de la policía, que decían que me iban a dar para que pusiera como prueba en contra del empresario Milton en su auto (que luego declaró que era verdad todo lo que yo decía), ni así quisieron tomar la denuncia para impedir lo que iba a pasar. ¿A cuánta gente más habrá arruinado Giunta? ¿Y cuántos otros fiscales y cuántas comisarías “trabajarán” de la misma manera? ¿De qué justicia hablará esta gente?
En estos días me denegaron la casación de una causa por la que me condenaron el año pasado sin pruebas a 11 años de prisión. Me pusieron de nuevo la causa de la que había sido excarcelado por falta de méritos. Desde el 2003 vengo denunciando los manejos turbios en la cárcel y cómo te destruyen la cabeza y buscan imponer la corrupción como forma de salvarse o al menos acomodarse. ¿Cómo puede ser, por ejemplo, que los internos estemos sin trabajo ni nada, y que los pocos que lo consiguen cobren 100 pesos por mes mientras que en las otras cárceles se paga en proporción al salario mínimo con bono y descuentos? La cárcel está llena de analfabetos e ignorantes y quieren que siga así. Si, según la ley, como presos el único derecho que tenemos negado es el de transitar libremente ¿cómo nos pueden negar el acceso a salud, educación y trabajo? Esto sin contar con las torturas, golpizas y vejaciones que habitualmente sólo se paran cortándose las venas el interno.
Ahora volví a reclamar que se cumpla lo acordado por el mismo habeas corpus del 2008 y me dicen que yo no tengo nada que ver con ese habeas corpus siendo que era el delegado del pabellón que lo presentaba. Y dicen que figuran todos los demás del pabellón excepto yo, por lo que parece que además ¡me habían borrado!
Cualquier persona que me ayuda en esto se pone en riesgo, porque enfrenta al poder, como reconoció un abogado que me defendía y parece que recibió amenazas. Entonces ninguno se arriesga conmigo.
Yo no me escondo y siempre di y doy la cara para declarar, ya sea en tribunales como ante cualquiera de las entrevistas que me han hecho o me quieran hacer. Que pregunten lo que quieran que yo respondo. Lo mismo a cualquiera que quiera preguntarme o decirme algo, puede hacerlo dejando un comentario a esta nota en la página de la Sociedad de Resistencia (www.socderesistenciamza.blogspot.com), enviando un mail a socderesistenciamza@gmail.com desde donde los compañeros me transmitirán sus inquietudes, o escriban una carta y mándenla al Módulo 3, Ala 1 de la Penitenciaría Provincial de Cacheuta, aunque por este último medio es seguro que será leída antes y no confío mucho en que me llegue.
Yo me comprometo a responderles.

Ricardo Andrés Ferreyra Ervidia
DNI 24.317.245

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Enlaces de interés:
Cómo la policía y la justicia inventan causas en Mza 1 y 2

 

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