Cada 16 de julio, el Servicio Penitenciario
Federal festeja el día de sus agentes. ¿Cómo lo celebra? Torturando
detenidos. El año pasado, quién sirvió de divertimento para los
oficiales de la Unidad 2 de Marcos Paz fue Braian Nuñez, un joven que el
día anterior a los hechos había cumplido 19 años. Su madre, Liliana
Valenzuela, dialogó esta semana con Radio La Cantora y contó detalles de
la causa, que en los próximos meses llevará a juicio a siete
penitenciarios. “Pata-pata, palazos y patadas en su cabeza, piernas y
espalda, encendedores prendidos y cigarillos apagados en la planta de
sus pies...” fue parte del lamentable itinerario que Braian tuvo que
recorrer para placer de quienes deberían “rehabilitarlo”.
Radio La Cantora - 27|04|2012
La resaca de la fiesta penitenciaria
R.L.C.
“El dia 15 de julio de 2011 mi hijo cumplió 19 años
estando detenido en la Unidad 2 de Marcos Paz”, comienza su relato
Liliana Valenzuela, madre de Braian Nuñez, hoy detenido en la Unidad 47
del Servicio Penitenciario Bonaerense como medida de protección tras su
denuncia por los aberrantes hechos que le tocó vivir en aquella jornada
del año pasado. “Era un día viernes -continúa su madre, en diálogo con
Radio La Cantora-, un día especial porque no había visita pero nosotros
pudimos festejar su cumpleaños. Al otro día volví a visitarlo, el 16, y
había mucho movimiento en la Unidad; era el día de festejo de los
penitenciarios federales. Los agentes estaban alegres, ya bastante
pasaditos porque hablaban fuerte; había vino y asadito... Nosotros
tuvimos la visita y, cuando me fui, mi hijo estaba en buenas
condiciones. Al salir me emepcé a sentir mal: el pecho se me cerraba,
empecé a transpirar, me ahogaba y tenía calor... Tenía el presentimiento
de que algo le estaba pasando a mi hijo”.
Liliana comenta que Braian siempre la llamaba por teléfono mientras ella estaba en el viaje de regreso a su casa, en Capital Federal. Ese día no la llamó. “Al terminar la visita los penitenciarios lo fueron a buscar. Le dijeron que el Jefe de visita no quería que los detenidos viesen el partido de Argentina que se estaba por jugar. Mi hijo no reaccionó y entonces lo mandaron a llamar de nuevo. ¿Qué pasa?, les preguntaba mi hijo... Abrieron la reja, lo pusieron contra la pared, lo esposaron con una mano libre y empezaron a pegarle cachetazos para que reaccionara mal. Los penitenciarios estaban alcoholozados. Como Braian sólo preguntaba qué pasaba y gritaba para que lo suelten, lo esposaron de las dos manos y lo llevaron a ver al Jefe inventando que él le había faltado el respecto...”
Lo que siguió para Braian Nuñez fueron ocho horas de tortura para disfrute de los agentes: “Lo esposaron de pies y manos, en posición de `chanchito` y sujeto con un gancho. Le practicaron el pata-pata, le pegaron patadas con los borcegos en la cabeza, las piernas y la espalda, le prendían encendedores en la planta de los pies y le apagaban cigarrillos en las piernas, donde él ya no sentía nada...” Todo esto mientras el Jefe los miraba tomando vino, indicando a sus subalternos que se detuviesen... pero para descansar y seguir. Según lo que supo Liliana a partir de este lamentable episodio es que no se trata de un hecho aislado: “El Servicio Penitenciario Federal elige una persona detenida para torturarla durante el día del penitenciario; es para diversión de ellos, como forma de festejo. Ese día le tocó a mi hijo. Desde entonces, le borraron la sonrisa como si nada”.
A partir de lo sucedido, siete oficiales se encuentran procesados -incluyendo al director de la Unidad- y serán llevados a juicio el mes próximo. Al mismo tiempo, la familia Nuñez espera con ansias que a Braian se le dicte prisión domiciliaria, una morigeración que debería considerarse innegable en estos casos, a menos que la Justicia considere beneficioso para su “resocialización y rehabilitación” que Braian permanezca en el contexto criminal del que fue -y es- víctima.
Liliana comenta que Braian siempre la llamaba por teléfono mientras ella estaba en el viaje de regreso a su casa, en Capital Federal. Ese día no la llamó. “Al terminar la visita los penitenciarios lo fueron a buscar. Le dijeron que el Jefe de visita no quería que los detenidos viesen el partido de Argentina que se estaba por jugar. Mi hijo no reaccionó y entonces lo mandaron a llamar de nuevo. ¿Qué pasa?, les preguntaba mi hijo... Abrieron la reja, lo pusieron contra la pared, lo esposaron con una mano libre y empezaron a pegarle cachetazos para que reaccionara mal. Los penitenciarios estaban alcoholozados. Como Braian sólo preguntaba qué pasaba y gritaba para que lo suelten, lo esposaron de las dos manos y lo llevaron a ver al Jefe inventando que él le había faltado el respecto...”
Lo que siguió para Braian Nuñez fueron ocho horas de tortura para disfrute de los agentes: “Lo esposaron de pies y manos, en posición de `chanchito` y sujeto con un gancho. Le practicaron el pata-pata, le pegaron patadas con los borcegos en la cabeza, las piernas y la espalda, le prendían encendedores en la planta de los pies y le apagaban cigarrillos en las piernas, donde él ya no sentía nada...” Todo esto mientras el Jefe los miraba tomando vino, indicando a sus subalternos que se detuviesen... pero para descansar y seguir. Según lo que supo Liliana a partir de este lamentable episodio es que no se trata de un hecho aislado: “El Servicio Penitenciario Federal elige una persona detenida para torturarla durante el día del penitenciario; es para diversión de ellos, como forma de festejo. Ese día le tocó a mi hijo. Desde entonces, le borraron la sonrisa como si nada”.
A partir de lo sucedido, siete oficiales se encuentran procesados -incluyendo al director de la Unidad- y serán llevados a juicio el mes próximo. Al mismo tiempo, la familia Nuñez espera con ansias que a Braian se le dicte prisión domiciliaria, una morigeración que debería considerarse innegable en estos casos, a menos que la Justicia considere beneficioso para su “resocialización y rehabilitación” que Braian permanezca en el contexto criminal del que fue -y es- víctima.
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